Vamos por mitad de semana, y ya nos hemos llamado una veintena de veces.
Sólo para saber cómo estamos, y para escucharnos (aunque no nos lo digamos).
He estado sumergida en el ritmo caótico propio de éstas fechas, y vos también, por lo que no hemos podido vernos.
Es lógico, así lo hemos decidido.
Pero aún así, hay algo que quedó flotando en algún lugar del aire.
Y cada vez que suena mi cel, espero que sea tu número y no otro el que aparezca en la pantalla.
Día miercoles: ameneció muy fresco y con olor a lluvia, y por alguna razón, esa frescura me hizo acordar a vos.
Me dieron ganas de invitarte a mi casa. A mi fortaleza.
Nunca traslado mi mundo exterior a mi burbuja privada. Y me dieron ganas.
Te imaginé sentada en mi sofá, con esas formas tan serenas y armónicas que tenés de moverte.
Me pregunto si te gustará o no; si te sentirás cómoda y si tu gran curiosidad se alimentará de nuestro pequeño momento juntas.
Cerca de medio día, me atreví a proponerte que vengas.
Sólo somos amigas y vamos a compartir la media tarde... fué mi argumento.
Yo sé que no me creíste y noté cierto tono de alegría en tu voz cuando te lo propuse, así que eso se transformó en nuestro plan principal. (y mis nervios parecían hormigas queriendo salir de dentro de un frasco).
- Querés que lleve algo para que compartamos? preguntaste.
- ...
- Algo rico... Jajajaja! no seas malpensada! (reías con ganas)
- No he dicho nada! jajaja! no me culpes! casi que no puedo evitar pensar en...
- Pan dulce! (me atajaste).
- Obvio! Pan dulce! que otra cosa va a ser?(puse cara de angel bajado del cielo a cascotazos), Pero porfi, que sea sin frutas para mí, odio las frutas abrillantadas, al igual que todo éste circo de navidad.
- Ok Grinch, yo me encargo de tu pan sin frutas. Pero vos preparate...
- Eh?! (te gusta, te gustaaaa, jugar conmigo, perra! eso lo pensé con mucho cariño...)
- El mate, preparate el mate.
- Ponele! Ehhh digo... por supuesto! va a estar listo cuando lleguemos.
A las 15 pasé a buscarte por el centro, tenía que cancelar la deuda de éste mes del bar amigo, así que te quedaste cuidandome la moto unos minutos y después partimos para casa.
Ibas prendida de mí como una garrapata, así que disminuí la velocidad, porque intuí que estabas asustada. Aunque no pasé de 80 km/h en ningún momento en el acceso.
Llegamos a casa, entraste mirando para todos lados...
Te presenté a mis socios: Tuerca y Rocco. Te cayeron bien y vos a ellos, porque dejaron que les hicieras cariño y te miraban con cara de "Al fín!".
Volvimos al living, dejé que te pusieras cómoda, no quise acercarme para que no te sintieras presionada de nada.
Prendí la tele.
Fuí a la cocina, puse la pava. Te me apareciste por detrás, me hiciste dar un respingo del susto...(si me daba vuelta te íbas a olvidar de los mates, te lo aseguro) así que permanecí en el lugar, haciendome la más entretenida ordenando algunas tazas (en mi barrio le llaman hacerse la boba, y lo hice lo mejor que pude).
Quisiste conocer el resto de la casa, te aclaré que yo no soy precisamente el orden hecho persona... te reíste una vez más.
Cuando llegamos a mi dormitorio, permanecí afuera. Dejé que lo inspeccionaras a gusto, yo sólo te miraba...desde la puerta.
(y empecé a rezar la oración de: salgamosdeacápronto, amén)
Probaste mi cama; estuviste mirando las dos minimaquetas de aviones de la segunda guerra que tengo sobre el escritorio, y me desordenaste los libros de la mesa de luz... (que más se puede pedir? jajaja!). Te sentiste a gusto creo yo.
Te conté de algunos libros que quiero conseguir: "En breve cárcel" de Sylvia Molloy; y "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón, es una trilogía.
El primero es una autobiografía contada como novela, una historia de un triangulo amoroso entre mujeres.
El segundo, cuenta la historia de un niño que pierde a su madre a los 9 años. Y queda viviendo solo con su padre, con el cual comparte un secreto irrevelable: El cementerio de los libros olvidados. Allí viven los libros olvidados por la gente.
Despues el niño elige un libro y empieza a encontrarse con los personajes del mismo.
Nos sentamos en el sofá frente al tele a tomar mates y charlar...
Se hicieron las 6 de la tarde, cuando me levanté a buscar por tercera vez más pan dulce.
Se me escapó decirte:
- No quiero que te vayas. Quedate toda la tarde, todas las tardes, todos los días, todos los años. Toda la vida quedate. (yo parecía Tuca de "Graduados")
(me miraste boquiabierta)
- No será mucho "todalavida"?
- Emmm... no! mucho no! Todavía no sé si me va a alcanzar...
- Jajajaja! Sos un caso!, me dijiste.
Me acerqué muy despacio y te dí un beso.
En el mismo instante te pedí disculpas.
- Perdoname, me zarpé, yo no quería que vos pienses que yo... que...
Me abrazaste y tranformaste ese beso en dos, en tres, en cien.
Yo te daba cada beso con una dulzura contenida desde hacía años, y vos me respondías tan provocativamente que ninguna de las dos sabía hasta que punto se nos habían enredado los hilos.
Conseguiste que me olvidara del mundo, me olvidé hasta del día que era.
Después de amarte hasta perder la conciencia...
Quiero decir, pasadas algunas horas, preparamos la cena.
Ravioles de ricota y calabaza (estaban en mi freezer), una ensalada de zanahorias y palta, tomamos jugo de sobre, sabor manzana.
Charlamos hasta altas horas de la madrugada, tomamos café, nos reímos.
Hicimos el amor dos veces más y te quedaste dormida.
Yo pensaba mientras te miraba dormir, que ojalá, ésto siga por mucho tiempo.
Que me atrapa tu forma de ver la vida, tu desenfado a la hora de resolver entuertos.
Que hemos inventado la velocidad justa para recorrer éste camino, ni muy despacio, ni muy rápido.
Besotes a todas!!!

Y hablamos. Al finalizar la fiesta de cierre de Taller, me animé a llamarte.
Me hubiera gustado estar en esa fiesta con vos, no quería desaprovechar la oportunidad de verte.
Sólo quería charlar, verte y charlar.
Esperé con toda mi alma que no tomaras mi llamada como algo más, porque era sólo eso; una llamada, una invitación a compartir algunas horas en un café, tomando algo rico y contandonos nuestras vidas...
Nos encontramos y era muy tarde. No sé cómo conseguí que aceptaras, tal vez fueron mis ganas, tal vez hay algo de química aunque no la veamos.
Me contaste de tus alumnos, de tu lucha para que salga la ley de reemplazos, de lo que se te cruza por la mente cada mañana al despertarte.
Hablamos de tus sueños, de los míos; de tus proyectos para el año que viene, de mis vacaciones en la costa la segunda quincena de enero; me explicaste un par de palabras difíciles, y yo te divulgé mi amor por los aviones.
Escuché tus historias de amor frustradas, te relaté la última de mis muertes.
Porque el tiempo está parado para mí.
Casi lloro al jurarte que si no fuera porque me hirieron de muerte, traicionándome, yo sería distinta. Sonreiría.
Pero que no puedo, tengo el corazón en terapia intensiva. El tiempo...dirá.
La pasamos bien.
Me manché la boca con la espuma del capuccino, y casi se te cae el té porque empezaste a reírte.
No nos vamos a cercar de ninguna manera. No nos vamos a limitar al tiempo.
Vamos a disfrutar de vernos y yo le pido al cielo que no sintamos ganas de nada más.
Me encantó como te quedaba ese jean, miré atentamente tus manos a cada movimiento y la suavidad de tus gestos.
Me dió la impresión que la intriga te pone ansiosa cuando corto las frases a la mitad, para que me entiendas sin yo decir nada.
Sensaciones.
Se hicieron las 2 de la madrugada casi sin darnos cuenta. Ya no había colectivos (o al menos eso dijimos). Guardé silencio, puse cara de perro triste y dejé que tu imaginación nos sugiriera una solución...
Conozco unos departamentos, dijiste.
Me hice la desentendida, (porque yo también conozco varios departamentos).
Eso es propuesta indecente, dije poniendo cara de ofendida pero con una sonrisa por dentro.
Oohh! perdoname no quise... me dijiste que nunca había sido tu intención... y bla bla bla... sólo porque no hay colectivos y es peligroso andar caminando solas por el centro y bla bla bla.
Yo casi no podía disimular mi risa...
Tengo dos opciones, pensé inmediatamente.
1- Paro un taxi, le doy 100 pesos al chofer y que la lleve hasta su casa.
2- Le parto la boca de un beso y la llevo a los departamentos de la galería "Independencia".
La opción 1 me daba ERROR! ERROR! ERROR!!!
...
Sólo voy a decir, que Mamá noel existe, y que la mejor noche con espíritu navideño también es posible!!! Y que los desayunos de besos son más ricos que los de Bonafide.
Gracias Santa Claus, a los reyes magos, al niñito Jesús y al burro del pesebre!
Besotes a todas!!!
Y me pareció raro viste? ésta cosa loca que sucede de repente, que hasta ahora eras un bicho extraño, con gustos musicales horribles en mi opinión, y siempre tan ácida en tus comentarios.
Nunca ni siquiera te miré con atención, nunca de los nunca; nunca hasta hoy.
Me parecías siempre una máquina de atacar gente, una persona con un fanatismo político insuperable.
Un poco resentida y hasta tirabombas podría decirse.
Sí, todo eso y mucho más. Más feo de lo común, más de lo que cualquiera pudiera soportar.
Y hoy no sé en verdad lo que pasó.
Fuí a la presentación del libro de una compañera de taller. Un libro muy serio, muy... politizado y una relación con el arte que me sorprendió.
"Historieta y Resistencia (Oesterheld 1979-1989)"
Nada fuera de lo común para éste tipo de eventos. Una mesa académica larga, cuatro personas hablando media hora cada una sobre los puntos relevantes del libro, habló la investigadora (Fac. de cs.políticas), habló la autora (mi compañera).
Todo marchaba bien, yo estaba en la última fila al fondo, cosa de que si me cansaba, me paraba y me íba.
No alcancé a aburrirme. Llegaste vos. Sí vos. La ultima persona en el mundo que pensé que llegaría y me viste desde la entrada y viniste directo a sentarte conmigo.
Me tragué las preguntas: ¿Que hacés acá?. ¿Vos tenés algo que ver con... "x" la autora?
Nunca había reparado en tu ropa. Tenés gustos caros nena!.
Tu perfume, cuando te inclinaste a saludarme, me quedé mirándote porque no sé que shock me recorrió el cuerpo.
Te sentaste al lado mío y me pediste que te tuviera la cartera.
- Claro! dije yo, como no. (Volví a pensar lo de los gustos caros).
No sé por qué razón, motivo o circunstancia, te miré de reojo más de mil veces.
Los oradores seguían contando y explicando...
Me pediste la cartera, te la dí. No pude evitar decirte lo bonita que era.
Sacaste la etiqueta y te reíste, diciendo que acababas de comprarla, que era nueva.
- Hermosa. (Dije yo). Digo, la cartera me corregí. Y me puse colorada y nerviosa como una quinceañera. Uf!
Te diste cuenta y yo no sabía donde meterme.
- Vamos a ver el stand de venta del libro? dijiste.
- Ajam, bueno vamos...
Te paraste y mis ojos se quedaron enganchados en tus caderas. Me quedé muda. Me paré luchando para cerrar la boca y te seguí (tenés el mejor "..." que he visto en mi vida,pensé)
Llegamos al stand y empezaste a preguntarme que era de mi vida; que planes tenía; dijiste que me habías leído, y que te había parecido interesante. Que mi modo de escribir sale de lo convencional, y que ese tipo de escritura te fascina.
(No sólo mi escritura te va a fascinar... eehhh digo...)
- Narrativa del tipo de Molloy, solté casi sin pensar.
Terminó la presentación, empezaron los aplausos y la invitación al lunch.
Te pregunté si te quedabas un ratito más, dijiste que sí pero que no mucho porque tenías la colación de tus alumnos.
Me conformé con compartir un par de empanadas y un vaso de gaseosa.
Te fuíste. A los 20 minutos me fuí yo. Y todavía no sé que sucedió.
Pongo "me gusta" en tus estados bastante seguido, has puesto "me gusta" también en los míos, pero nunca pensé en encontrarte justamente en ese lugar.
Nunca pensé que usaras ese perfume... ni que tuvieras el cuerpo de esa manera...
Sos una profesora de enseñanza media, una rockera empedernida, anti K a morir;
y ahora? como sigue todo ésto? sobre todo me lo pregunto, porque me acabás de mandar un mensaje (siendo la 01:23 de la madrugada) preguntándome si me gustaría que nos juntáramos a que yo te muestre más cosas escritas por mí.
... Historieta y resistencia... la historia de mi vida.
Besotes a todas!!!
Dice Clarice, que no importa la intensidad del sufrimiento, si de él se sale más fuerte y más reconfortada.
Y la verdad es que no lo sé.
No es que dude de que el sufrimiento muchas veces fortalece el espíritu, sino que no estoy del todo convencida de que verdaderamente no importe su intensidad.
Hay intensidades que dejan huellas imborrables, daños irrecuperables.
Saldremos fortalecidas del sufrimiento, pero las marcas van a notarse en cuanto intentemos salir al mundo otra vez.
Ese miedo a tomar decisiones y de abrir la coraza nuevamente.
Hay que luchar para renacer de las cenizas, y confiar en una misma en ésta renovada oportunidad.
"El estado de gracia del que hablo no se usa para nada. Es como si viniera tan sólo para que se sepa realmente que se existe. En ese estado, además de la tranquila felicidad que irradia de personas y cosas, hay una lucidez que sólo puedo llamar leve porque en la gracia todo es tan, tan leve. Es la lucidez de quien no adivina más: sin esfuerzo, sabe. Sólo eso: sabe. No pregunten qué, porque sólo puedo responder del mismo modo infantil: sin esfuerzo, se sabe.
En el estado de gracia se ve a veces, la profunda belleza, antes inalcanzable de otra persona.
es bueno que no venga tantas veces como yo querría. Porque podría habituarme a la felicidad - olvidé decir que en el estado de gracia se es muy feliz-.
Se sale del estado de gracia con el rostro límpido,los ojos abiertos y pensativos,y aunque no se haya sonreído, es como si el cuerpo todo, viniera de una sonrisa suave. Y se sale mejor criatura de lo que se entró.
...Se aprende a amar más, a perdonar más, a esperar más. Se pasa a tener una especie de confianza en el sufrimiento y en sus caminos tantas veces intolerables."
[Estado de Gracia (fragmento) Revelación de un mundo: Carice Lispector]
PD: Ésta reflexión está inspirada en el texto de un blog amigo. Gracias Pierina.
Besotes a todas!!!
La guerra la gané yo. Vos podrás haber ganado alguna que otra batalla, pero el triunfo final es absolutamente mío.
Y aquí estoy, arrodillada en el campo de batalla, mirando al cielo, mi rostro cubierto de lágrimas y sangre.
Revisando mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, tomando conciencia de que estoy viva y de que he ganado.
Luchamos una guerra sin cuartel ni códigos.
Luchamos por el amor de una mujer.
Mi estrategia fué demostrarle a la mujer que ambas queríamos, que soy una persona confiable, que no soy agresiva, que sé cómo amarla y hacerla feliz.
Tu estrategia fué la agresión de la más baja calaña hacia mí, los insultos y humillaciones que yo nunca respondí.
En tu locura, íbas perdiendo terreno una y otra vez.
La sangre llegó al río, cuando tuviste la pésima idea de subirla a tu auto a la fuerza y con la ayuda de una cómplice golpear a la mujer que ambas queríamos.
Eso no lo pude permitir. Que Dios me perdone si me equivoqué, pero tuve que buscarte y hacertelo saber.
Ese fué mi límite. No voy a permitir que le hagas daño a la mujer que me hace sonreir con sólo verla.
Voy a protegerla a cualquier precio.
Quiero que sepas que me gané su amor a fuerza de ternura, de noches abrazandola porque le dabas miedo, y mientras vos me mandabas mensajes amenazandome con encontrarme en cualquier esquina y golpearme; yo apagaba el celular, y me dedicaba a cocinar para ella y hacerla disfrutar de muy buena música y chistes y risas y golosinas que yo había comprado exclusivamente para ella.
Urdiste la historia macabra de tu embarazo para retenerla. Le vendiste la mentira de que íbas a formar una familia con ella. Y lo peor del caso es que la presionabas recurriendo a la violencia para que ella se hiciera cargo de ese niño.
No contenta con todo ésto, decidiste abortar, y culpaste nuevamente a nosotras del fallecimiento de tu bebé.
Nunca supimos si tu embarazo fué cierto, ni tampoco la muerte del bebé.
De terror. Estás completamente enferma. Así no se gana uno el amor de nadie. Al contrario, lograste asustarla e hiciste que huyera despavorida.
Pobre tonta vos si creíste que así la íbas a conquistar.
Ella se refugió en mí, yo de a poquito y con mucho cariño fuí haciendo que confiara en mí.
Hubieron momentos en los que ni yo misma sabía la decisión que ella íba a tomar, existieron momentos de desesperación de mi parte y una angustia recurrente me nublaba la vista y me quitaba las ganas de comer.
Pero hoy, como ya dije, la guerra terminó.
Ella está conmigo. Y queremos olvidarnos de la pesadilla.
Vamos a ir al cine, la he invitado a desayunar mañana en un café con una onda vintage que descubrí en una de mis tantas recorridas por calle Alem.
El daño que tenemos por dentro es inmenso, y la duda de si con todo éste escándalo matamos a un bebé no nos deja dormir en paz.
Me genera casi pánico, haber descubierto de lo que son capaces las mujeres cuando se trata de una relación.
Se transforman en monstruos imposibles de parar; la locura y la maldad son tan grandes que son capaces hasta de matar.
PD1:(Ésta historia no contiene nombres para preservar la identidad de las integrantes y es absolutamente verídica)
PD2: Las amenazas contra mi persona están vigentes aún, por lo que éste post tiene carácter de declaración y autorizo a que pueda usarse a mi favor llegado el caso.
Un gato llamado Coquine, un montón de lápices de colores desparramados por el suelo, un velador que me acompaña a media luz, y me dice que es tarde, que mi alma tiene que descansar.
La fractura de un beso que era tuyo.
Mi colosal y desmedida pena con sus ojos cerrados y acomodandose para llorar.
Todavía queda algún paisaje alrededor mío; el paisaje del atroz ruido de las cosas al caer, cuando barriste de un manotazo la civilización completa de nuestra historia.
Le pido al aire que se mueva, que me entre en los pulmones y me mantenga viva; porque mi fuerza se fué a buscar ayuda a otro sitio, se fué y me dejó mirando de frente a mis propios enemigos.
Creíste que disparar esa flecha era ser libre, era conquistar el peligro. Y sin que pudieras hacer nada la flecha que te hizo ser libre un instante, se me clavó en el pecho y me fulminó.
No hay Dios que responda nuestras preguntas.
No alcanza con saber que el daño está hecho. Hay algo más profundo que se esconde detrás de tu miedo y del mío.
Mientras nos preguntamos cómo seguir, cómo confiar otra vez, la voz se nos pone de un color desconocido y se nos quedan atrapadas entre los dedos las disculpas.
Coquine no sabe, ni siquiera se imagina, que se ha congelado su maullido en el aire.
Él juega con los lápices, y nosotras tratamos de rescatar al menos eso del naufragio: el poco juego que nos queda.
Besotes a todas!!!